La tarde caía y la ausencia se cortaba con navaja. El vacio de la casa se llenaba de los suaves murmullos que se colaban de la calle y el zumbido adormecedor de un ventilador que mecía la brisa de una calurosa tarde de primavera. Se sentía solo, muy solo.
Por primera vez en su vida había perdido el control de administrar su soledad, ésta le había asaltado de golpe y le había hecho entender que uno tiene un valor absolutamente relativo; condicionado al valor que nos asigna el entorno afectivo que nos rodea. Sin eso somos tan poco, que a nuestra autoestima le cuesta todo el lograr nivelar la química cerebral que condiciona nuestro sentimiento de bienestar.
Tal vez un poco de café o una tablilla de chocolate pudieran atenuar el sentimiento pero la certeza pesimista de que esto no ayudaría mucho, mina los iníciales impulsos de correr a buscarlos. Abrió el facebook y hurgo entre los contactos, alguno que se encontrara en línea para al menos encontrar algo que rompiera esa espesa nata de ausencia, que llenaba y desbordaba su alma. Nada… ¡el teléfono! ¡por supuesto! Tomó el aparato y los contactos se desplegaban en orden descendente y de repente la confirmación del sentimiento inicial… vacio, ausencia, soledad, realmente no podía recurrir a nadie, nadie podía venir a romper ese vacío.
El círculo vicioso gira con pasmosa regularidad; está solo, extraña; extraña se siente más solo; recuerda, extraña; más soledad…giros anímicos descendentes sin fin, en la mente y que aterrizan en el ánimo hasta provocar dolor, dolor del alma que realmente lastima el corazón.
De repente la certeza de ser observado le obliga a girar la cabeza y cruza una mirada con los ojos felinos que lo desnudan fijamente, su gato se acerca sin dejar de mirarle intensamente y se detiene justo al llegar a su regazo, la caricia obligada y casi mecánica logra romper lo que pareciera indestructible, el contacto con la piel suave y sedosa le provoca una descarga de adrenalina que sin apenas percibirlo le proporciona la conciencia de que está vivo, que se encuentra ávido de emociones y que afuera el ritmo de la vida le está esperando para invitarle a danzar a su lado. La magia de la juventud se encarga de lo demás, sus 19 años le estallan el animo…

2 comentarios:
Mientras te leía, he sentido como adivinabas algunos de mis días, en que la soledad invade todo, y la existencia se vuelve asfixiante...
B7s
L;)
la soledad es universal querida amiga, cada ves somos mas y cada ves estamos mas solos... saludos solitarios desde el otro lado del mundo!
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