El ensordecedor estruendo de un avión que cruzaba el cielo y los ojos volteaban inmediatamente hacia arriba ilusionados por encontrar el mágico aparato que surcaba el cielo dejando la más de las veces una estela de trozos de nube. El grito inmediato y la aseveración de confianza plena “¡mi tío, mi tío, ahí va mi tío!” voces de niño embebido en la magia del momento. Entonces como siempre sucede algún adulto (¡pinche maña que tienen!) intentaba romper el encanto con el acido comentario “seguro si va, estará barriendo el avión”
De cualquier forma la escena se repetía sin importar los vanos intentos de romper la ilusión. El sujeto en mención era ni más ni menos el tío Amando hermano de mi madre y único varón de los Olvera, una de las únicas figuras masculinas importantes que aparecieron en mi infancia, (como he mencionado antes el matriarcado familiar se constituyo en una constante, salvo por casos aislados como este de él).
Su presencia se podria resumir en flashazos inconstantes en nuestra vida, pero compensaba sus escasas visitas con su excelente carácter y el hecho que al recibirle él nos obsequiaba con un numeroso paquete de boletos de camión que guardaba (imagino yo) todo el tiempo sabiendo que ese, al parecer insignificante regalo nos llenaba de alegría (al hablar en 4ª persona, me refiero a mi hermana Yolanda y a mi) . Lo abordábamos a su llegada y él sonriente, extraía del bolsillo superior de su inseparable Blazer los boletos colectados en todos sus recorridos de camión; papelitos minúsculos de papel de china con dibujitos de camión, que nos permitían soñar con incansables recorridos.
Su condición mágica se basaba en el hecho de trabajar en “AERONAVES DE MEXICO”, (pertenecemos a una familia en la que tener un cocodrilo de ruletero ¡ya era sinónimo de notoriedad!) en algo tan tremendamente maravilloso como los aviones, a mis tiernos ojos esto le daba un status superior. Fue un personaje en toda la barba; bajito de estatura, escaso de pelo y siempre con su tupido mostacho que enmarcaba su eterna sonrisa. El atuendo se conformaba de dos elementos infaltables su saco y su sombrero, su imagen siempre formal mostraba eso; un hombre serio y responsable que no por eso resultaba poco amable, ya he mencionado su infaltable sonrisa.
En aquellos tiempos a los niños no se nos dedicaba tiempo, y por supuesto estaba prohibido intervenir en conversaciones de adultos, y …¡hay de aquel! que rompiera esas reglas, ni pensarlo.
Sin embargo un buen día, (ya mi abuela había fallecido, tal vez 1971) el buen tío ¡me dedico toda una tarde! Paso a casa despues de la comida y me invito a Lindavista, tomamos el camión y me llevo a un local de carritos chocones, una vuelta que aunque breve lleno mí cabeza de emoción y después pasamos Sears y ¡yo no lo podía creer!; me compro un avioncito planeador de madera de balsa, rápidamente le pedí permiso de armarlo (solo se trataba de ponerle las alas en las ranuras) el acepto y rápidamente me ayudo. Caminamos al politécnico y pude pasar un maravilloso rato volando mi flamante regalo, él solo sonreía y me animaba a seguir intentando que mi juguete lograra volar mejor y por más tiempo. Fue cariñoso y respetuoso de mi inicial torpeza, nunca me llamo atarantado o zonzo como se acostumbraba y creo que por primera vez me sentí tomado en cuenta y protegido al caminar a su sombra.
Fue solo una tarde, no más, unas cuantas horas, pero él indudablemente marco mi vida con ese recuerdo. Aun tengo viva en la memoria su imagen, en la que solo quería regalarme un poco de alegría y Dios sabe que lo logro.
Donde estés (seguro platicando con alguna de las Olvera) tío nunca pude expresartelo, pero...muchas, muchas gracias!!!

1 comentario:
Q hermoso recuerdo, no lo conocia...
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