jueves, 5 de marzo de 2009

Profesionistas del desempleo

Miles de desempleados (jóvenes la mayor parte) se hacinan en las ciudades buscando una oportunidad de empleo, gran parte de ellos ni siquiera son citadinos, sino provincianos que se mudaron para estudiar y ahora no desean regresar a su origen.
Están los que estudiaron carreras tan saturadas que su existencia dentro de las universidades solo se justifica por la necesidad de su atención en áreas de necesidad especificas del país (medicina, ingeniería civil, o la tan mal vista docencia, son necesarias en algunas regiones del país, pero...¡ya no existen vacantes en las ciudades!) En el colmo total de la incongruencia algunos estudiaron carreras cuyo campo de acción natural debiera ser en alguna otra parte (biólogo marino, veterinario, ingeniero geólogo y muchos etcéteras mas) y se empecinan en no moverse, con el sueño de opio que alguna dependencia oficial les brinde un empleo pues “es obligación del gobierno el brindarles la oportunidad”
Todos ellos se justifican diciendo que su vida y compromisos se encuentran en la ciudad y que no pueden cambiar de lugar de residencia.
Para los cientos, miles que algún día dejamos la comodidad de la ciudad para enfrentar la aventura de buscar una mejor vida, este argumento queda sin valor (no estoy hablando de los que se juegan la vida en la frontera norte, esos son otra historia. Esos tienen su propio calvario de maltrato y menosprecio; en el seno mismo de la sociedad del racismo y la xenofobia ahí donde muy atrás quedo el mito del país de los inmigrantes). Ahora me refiero a los que entendimos que resulta mas cómodo mentar madres al gobierno y poner un puestecito ambulante, que luchar realmente por un trabajo digno y que nos de oportunidad de una vida mejor a nosotros y nuestras familias.
Salí de la ciudad en 1984 y he trabajado desde entonces en maravillosas ciudades de provincia que me han brindado simplemente eso; oportunidades. En ese lapso de tiempo y luchando solo con dos armas que pueden parecer endebles y poco efectivas; una carrera técnica y unas ganas enormes de salir adelante. En todo este tiempo he podido ser testigo que en todas esas ciudades existe necesidad de trabajadores, de mano de obra que cubra las siempre constantes vacantes. Los diarios siempre publican oportunidades de empleo y las compañías todo el tiempo muestran su frustración por la falta de mano de obra ya no calificada; solo se necesita gente con buena actitud y con ganas de aprender a trabajar.
México sigue dándole oportunidad a aquellos que están dispuestos a luchar por ella. Para los que no desean hacerlo, siempre existirá la opción de venderle su dignidad a alguna agrupación de carácter político que les ofrezca un espacio para el puestecito, una torta o un puñadito de pesos, con la única obligación de gritar consignas, o más fácil aun; con desnudarse en público y bailarle al ritmo de unas buenas mentadas de madre al rival político en cuestión.
Bien pues este es un ¡salud! por los que no buscan ni esperan la suerte, a aquellos que entienden que la lucha de la vida es personal y no tiene ningún sentido descargar la responsabilidad de nuestros problemas a ningún tercero.
Finalmente siempre he entendido que la posibilidad de arreglar mi vida siempre ha estado en mi, culpar a algo o alguien no tiene sentido.

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