Cae la noche y la mujer de pelo ensortijado se enfila a “El Néctar Nacional” popular pulquería que se ubica en la av. Ticoman. Esa noche, ella celebra su cumpleaños (no tengo idea que numero su edad para entonces, me resulta tan nebulosa como el origen de su sobrenombre) y va en busca de su pareja sentimental “El Gurrión” para solicitarle que en celebración de este hecho, le pague su “permanente”.
Lo encuentra al lado de sus amigos y este, ante la molestia que le causa su interrupción de la tertulia la manda olímpicamente al carajo. Para ese tiempo la ley prohibía que se mesclaran hombres y mujeres en cantinas y pulcatas y para un macho en forma como se ostentaba “El Gurrión”, por mucho cumpleaños de su vieja, esta mendiga no tenía derecho de molestarle cuando degustaba las mieles del maguey; su acostumbrado curadito de avena.
La terrona no era hembra fácil y para esas horas de la noche ya tenía entre pecho y espalda unos buenos alcoholes, y la molestia latente de haberse quedado todo el día de su cumpleaños, atendiendo el depósito de fierro viejo que juntos poseían, de tal forma que la negativa y el desprecio del “El Gurrión” solo la calentaron aun mas y ante la amenaza de romperle el hocico si insistía la enfrento, ella sin mucho pensarlo le grito ¡ me rompes madres nos rompemos! Acto seguido echó mano de una botella de cerveza que estaba en la mesa y rompiéndola ahí mismo se abalanzo sobre el ingrato… el golpe fue directo al abdomen y simplemente devastador. Nomas ahí duro el coraje dio media vuelta y regreso al terreno que hasta ese día había sido hogar, dejando al “El Gurrión” en una sopa de su sangre. No intento huir, no mostro el mínimo arrepentimiento ni siquiera cuando las dos patrullas con tremendas sirenas y torretas encendidas llegaron para llevarla presa. Su mirada que siempre fue intensa troco a fiera.
Jamás la volví a ver en persona, al día siguiente su cara con ojos de fuego iluminaban las portadas de los pasquines de la colonia, el pregón melódico y cansino de los voceadores anunciaban a grito pelado el hecho, creando de golpe la leyenda que solo sigue viva para los que fuimos mudos testigos.
Viene el encierro y con el olvido, sin más familia alguien más se encarga de la chatarra y nadie vuelve a mencionar el hecho, hasta que la tristemente ilustre vecina se asoma a los titulares nuevamente, y el pregón renace ¡¡¡…la teeeerrooooonaaaaaaaaa se heeeeeeeechooooooooooo a uuuuunaaaaa ceeeeeeeeelaaaaaaaaaadooooooraaaaaaa entérese de los heeeeeeeeeeechoooooooooooooossssssssssss!!!
Fueron cosas de adultos,
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