sábado, 10 de enero de 2009

La tía Cabrora

Esta es la breve historia de una de tantas féminas que fueron determinantes en mi vida y que ayudaron a incrementar mi respeto sobre el género femenino (el matriarcado fue una constante en ésta mi familia la generación pasada)
Fue una mujer entrona y calzonuda, no se detenía a soltar las que sentía y fue capaz (¡oh pecado capital!) de mandar al tabón, al inutilón con el que se había casado unos pocos años atrás; el tío Pepe Lara, sastre de oficio y pedorro de vocación, esto último producto de su enorme afición a los frijolitos refritos, acompañados de pápalo quelite y que se bajaba con unas Vickis bien frías o mejor aun con un buen pulmón ¡que tal eh!
Sin embargo estas aficiones culinarias no fueron las causantes de su separación, pues aun después de separados, él visitaba a la tía en la casa de la abuela Carmen y ella gustosa le preparaba su manjar favorito.
Las causas reales que mi tía me confió para tan radical decisión fueron producto básicamente de dos circunstancias; una oculta afición a comerse, si a comerse los vasos de vidrio ya que estaba bien chachalaco, con el consecuente poco agradable espectáculo de reguero de kétchup y otra peor aun; una afición pugilística que afloraba justo después de una buena dosis de tlapehue, y entonces el regresaba en la noche al hogar que compartían y como en los mejores tiempos del púas Olivares pues le zumbaba una buena monda. Esto a mi tía mujer de piel sensible pues le parecía inaceptable, (¡delicada que era pues!) Pero como buena miembro de la generación pos revolucionaria aguanto vara, por aquello del ¡que dirán! hasta que un buen día después de una noche de box como las comentadas, llego a visitarle temprano en la mañana su hermano mi tío Amando y al verla medio maltrecha se dio cuenta de la jugada y sin decir agua va se quito sus inseparables sombrero Tardan y su blazer (en ese tempo nomas era saco, pero ahora sabemos que se le debía llamar BLAZER y… ultimadamente mi tío me caía a todo dar, entonces yo digo era blazer) y que despierta al interfecto y le ha dado tal chínga que aunque se le incó de rodillas pues le rompió el hocico y a la buena Aurora (su nombre real) los motivos para ocultar la realidad.

Práctica que fue siempre, decidió separarse y moderna que también lo fue para su época, termino en cuatitud con el ex consorte.
Mis recuerdos inician en esa época, siempre la conocí sola sin necesidad de hombre a su lado y solo salpicaba su soledad con las inconstantes visitas del ya mencionado Pepón.
Ella administraba la casa de la abuela y se encargaba de manejarle la vida de paso, ademas ante la falta de mi padre y la necesidad de mi madre de trabajar, pues también se convirtió en una especie de conserje, cuidadora y porque no decirlo pues la chismosa que llenaba a mi madre de chismes cuándo esta llegaba muerta de cansancio al final del día. Estoy seguro que esto último fue más producto de su gran ignorancia para lidiar con hijos pues ella un nunca pudo ser madre, que por maldad pues era como una gatita salvaje; bastaba un poco de atención para que se convirtiera en una gran consentidora. Yolanda mi hermana más joven y yo mismo, fuimos quienes mas disfrutamosimos (entre sufrimos y disfrutamos) su compañía y sus enseñanzas.

Nadie muere del todo mientras se le recuerda, mientras yo viva mi tía seguirá bien viva y hace ya veinte y tantos años que no disfruto una buena partida de cartas o un buen taquito de tripa en su compañía.

Aurora…no mi Cabrora, siempre te extraño.

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